Foto de gaduación
Fecha: Julio 6, 2008, Categoría: Instantáneas.
El viernes nos tomamos la foto de generación en la USBI. No llegaron todos, pero tuvimos la visita de algunos personajes memorables.

Éramos un buen invento…
Futbol
En la secundaria fui un fanático del futbol. Cada domingo vestía mi playera del Santos Laguna, equipo mexicano, y sufría hasta el último minuto su victoria, derrota o empate. Luego la fiebre se fue pasando, en la preparatoria sólo vi el mundial completo y en la universidad apenas algunos partidos pero sin pasión de por medio. Como mi papá, abogué por el espectáculo y no por la incondicionalidad de la camiseta. Ahora con la Eurocopa me siento como aquel chico de secundaria. Encontré un canal que transmite por internet todos los partidos y he tratado de no perderne ninguno. Aunque han ido cayendo uno tras otro mis equipos favoritos, he disfrutado los encuentros de Turquía, los caballeros de la angustia, que han sido trepidantes y me reconciliaron con el futbol. Holanda, como siempre, espectacular en principio pero delicada al final sucumbió en el partido importante. ¿España rompera la maldición de los cuartos de final? Como van las cosas, quizá tendremos sorpresa. Lo veremos mañana.
Y sí, México me sigue aburriendo hasta la medula.
Nueva era
Como todos saben, porque me he encargado de gritarlo a los cuatro vientos, en tres semanas más termino las clases. Luego vendrán dos de exámenes, nada grave, y todo terminará. Hasta hace unos días pensaba tener un tiempo de vacaciones y luego ir a realizar un proyecto en una comunidad de la Sierra poblana, pero todo con mucha calma. Ahora todo ha dado un giro radical.
Frente a mí, en la pared, hay colgado un cuadro con una fotografía muy famosa de los Beatles. Es de su última etapa, del disco Let it be. Lennon tiene el cabello largo, las patillas gruesas y sus lentes redonditos. El cuaro está firmado por cinco personas: Lennon, McCartney, Harrison, Star y mi amigo Bernavé Olivares. Bernavé me puso una dedicatoria en la parte superior izquierda un año antes de venir a la universidad, tiene una falta de ortografía que quizá hoy lo avergonzaría pero tiene un buen deseo incluido.
Vamos a pensar, sólo por un momento, que ciertamente no hay azar, sólo destino. Desde hace una semana formo parte de una pequeñísima muestra estadística de aquellos que terminan la carrera con trabajo. Es decir, no limbo de desempleo para mí. Por multitud de razones, he caído en lo que parece ser un excelente trabajo, pero todavía mejor oportunidad. Un proyecto a largo plazo, garantiza emoción porque está apenas empezando, está en mi área de interes y bueno, incluso parece que la paga es buena.
La cuestión de todo esto es que ahora, una semana después de haber comenzado, no el trabajo, sino la capacitación de lo que será el trabajo de verdad, estoy aterrado, pero sobretodo confundido. Los comienzos siempre son duros, dicen por ahí. Y en este caso es doble porque empiezo yo y empieza el proyecto, o sea, según lo veo yo, caos total. Pero me voy a enfocar en mí. En las cosas a las que me he dedicado digamos que siempre he tenido la consciencia de estar haciendo las cosas bien, a mi tiempo, a mi modo. Ya sea porque fue, por decirlo así, un conocimiento innato o porque la paciencia de mis mentores fue infinita. Como sea, tuve tiempo de adaptarme, aprender, experimentar y luego saltar al aire.
Aquí es todo distinto. He entrado en un mundo que desconozco por completo, pero la exigencia es total. Es cierto que manejo con soltura mi herramienta (la palabra), pero me siento perdido, sin la luz de un faro que siempre había tenido. No tengo la certeza de estar haciendo las cosas bien y me aterra pensar en lo que será cuando, en julio, comience todo de verdad. Es evidente, que lo que ocurre es el miedo al fracaso y a la posterior decepción. El problema es que no se cómo hacerle frente. Quizá simplemente trabajar duro, experimentar, ver qué ocurre sea la solución.
Pienso, pienso, no doy con la respuesta.
Bernavé escribio, palabras más, palabras menos: “Échale ganas a la escuela y muy pronto llegarás a ser un muy buen periodista”.
Post-Bartleby
Fecha: Mayo 8, 2008, Categoría: Literatura, Personal.
Es curioso que después de haber escrito sobre Bartleby haya ocurrido una sequía de mensajes. Para evitar pasar a formar parte de la colección de ese libro interminable habrá que esforzarse un poco.
Estoy a menos de dos meses de terminar la escuela. Cuatro años han pasado y estos últimos días se están yendo como agua. La verdad las clases no están interesantes, creo que hasta los maestros ya nos sienten fuera y nos dejan a nuestras anchas. Eso, por una parte, está bien. Estoy disfrutando ir a la facultad, jugar ajedrez, leer periódicos y libros en la biblioteca, platicar brevemente en los pasillos, como en una agradable espera del ansiado final. Los planes para después de la universidad se multiplican a cada momento y es emocionante darles un orden, priorizar, establecer y concretar toda la virtualidad. Puedo decir, con franqueza y felicidad, que estoy abierto a cualquier opción que se presente. Me he formado para esto.
En otro punto radicalmente diferente ¿Quieren un equívoco sin importancia?
La novela se trata de llegar de un punto A a uno B. Cómo se llega es la trama y quién llega son los personajes. He pensando que una novela fantástica es/sería aquella en la que el lector no tiene la obligación de terminar en el punto B (última página), sino que posee la libertad de cerrar el libro donde lo considere necesario y aún así disfrutar de la novela completa. En este sentido, estamos ante una novela cuyo punto B, aunque presente, no es ni necesario ni siempre el mismo. Todo esto porque se me ocurrió que, al final, en la mayoría de los libros, trama y personaje son irreconciliables: o aquella se cae, o éstos se acartonan.
¿A qué fue un equívoco?
Vanguardias
Fecha: Abril 18, 2008, Categoría: Instantáneas.
Soy más vanguardia que ayer pero menos que mañana.
Los meandros de la literatura sintética
Fecha: Abril 7, 2008, Categoría: Literatura, Opinión.
1
La manera más sencilla y perspicaz, pero no la más brillante, de empezar este ensayo sobre Bartleby y compañía (Anagrama, 2006) sería con la frase “Preferiría no hacerlo”. Además de ser juguetón, daría por finalizado el texto. Otra opción por completo válida, es encontrar, entre el racimo de excusas y pretextos que nos enseña el libro, nuestro favorito para presentarlo como escudo y poner punto final a nuestro prospecto de ensayo. No voy a negar que ambas alternativas me tentaron, pero al final opté por la rebeldía: Decidí que realmente preferiría hacerlo, porque el libro de Vila-Matas, aunque es una recopilación de los No, sin duda merece un Sí, aunque después de leerlo nos deje con ganas de unirnos a la causa.
2
La primera vez que supe de la existencia de Enrique Vila-Matas fue cuando en Xalapa hubo una lluvia de estrellas: Él, Antonio Tabucchi, Juan Villoro y Margo Glantz, se reunieron para homenajear a un recién estrenado Premio Cervantes. Las cuatro ponencias fueron agradables, aunque una osó adentrarse en los límites de la teoría literaria, lo que desencajaba completamente con el ambiente que se había procurado. Por el contrario, recuerdo con emoción la conversación, porque no llevó nada escrito, de Vila-Matas. Con su marcado acento español, aquel hombre habló sin parar sobre el otro Pitol, la persona común y corriente, su amigo: viajes, anécdotas, cartas, curiosidades. Sergio escribía arduamente, quizá con la idea de preparar su siguiente tríptico, pero ante todo, feliz por poder escuchar una charla entrañable. Al día siguiente compré Una casa para siempre y esa misma noche inicié la lectura. Hoy es el día que no he podido terminarlo. Me había resignado a mantener en mi memoria aquella plática y aceptar, con tristeza, que quizá era lo único que podría digerir de Vila-Matas. Sin embargo, darle una segunda oportunidad no fue mala idea.
3
Quizá el guía más conocido de la literatura, o el primero que se viene a la mente, sea Virgilio en La Divina. Él lleva a Dante, le sugiere, lo cuida, le explica, en su travesía por los infiernos. Todos necesitamos un guía, alguien que nos oriente cuando nos encontramos confundidos, o peor aún, como apunta Gabriel Zaid en un ensayo sobre el consumo en la sociedad, ante demasiadas opciones. Yo creo, y aquí me permitiré una analogía un tanto peligrosa, que la Literatura es un Infierno de Dante, una vasta selva, peligrosa y para la cual necesitamos un guía, no sólo para no perdernos, sino, más importante a aún, para no perdernos de lo mejor. Por eso existe El canon occidental, Los 1001 libros que hay que leer antes de morir o el Diccionario crítico de la literatura mexicana. Hasta ahora dos habían sido quienes, allá, cumplieron la función de consejeros: Truman Capote gracias a las entrevistas en Conversaciones íntimas con Truman Capote y Roberto Bolaño en su fantástico libro Entre paréntesis, una serie de artículos, ensayos y entrevistas. Ambos fueron personas puntillosas, con ideas literarias y extra literarias bien definidas; Los dos libros constituyen, por decirlo así, la experiencia literaria de cada autor, lo que les gusta, no les gusta, les gustaría, las obras maestras, los bodrios y los sin sentido. Bartleby y compañía se agregó a la selecta lista.
4
La mayoría de los escritores son unos excéntricos. De hecho, todas las personas son excéntricas, pero la diferencia es que los escritores disfrutan haciendo pública su excentricidad. Y lo hacen más público aquellos que, además de excéntricos, son genios. Es alrededor de ellos que se construye el libro de Vila-Matas, su materia prima: genios excéntricos que un día, por diversísimas razones, dijeron “No escribo más”. Y entonces pasaron a la historia, además de por su literatura (escasa, suficiente o excesiva), por su radical e inamovible decisión. Bartleby y compañía es, ante todo, un hermoso anecdotario relatado con la intención de hacer provocar en el lector distintas sensaciones: disfrute, risa, asombro, curiosidad, extrañeza, incredulidad e inclusive solidaridad ante los dramas de quienes sólo considerábamos escritores. El mérito del libro de Vila-Matas es que, antes de presentarnos la obra, nos introduce al hombre, a alguien igual a nosotros y nos proporciona una amplia baraja de personajes con quienes nos podemos sentir identificados. Cuando ya ha conseguido seducirnos con una historia, el objetivo principal del libro llega solo: no podemos evitar el deseo de saber más, lanzarnos en búsqueda del último libro de Tomhas Pynchon para, quizá, intentar comprender su silencio. Bartleby y compañía es un recorrido necesario por uno de los tantos largos y sinuosos caminos de la literatura, y sin embargo, no es suficiente. Es tarea del lector continuar el camino con las indicaciones dadas. El texto es sólo un adelanto de todo lo que nos espera si nos atrevemos a seguirlas. Y seguramente lo haremos.
5
No quiero intentar descifrar el sentido de Bartleby y compañía, es decir, más allá de mi ya expuesta visión utópica sobre un resorte impulsor para adentrarnos en lecturas que valen la pena. Lo último que me queda por decir, antes de callar, espero que no para siempre, es que, aunque en la eternidad, William Shakespeare e Isabel Allende sean lo mismo, nada, ahora es bueno saber sobre quién deberíamos decantarnos. Y por eso, sólo por eso, porque nos deja saber, agradezco al español parlanchín.
Gritos
Hace cinco días que me mudé a esta habitación. Vine a verla el sábado por la mañana, después de desayunar, y al día siguiente una camioneta de mudanzas trasladó mis pocas cosas desde la lúgubre pensión que compartía con otros estudiantes de la Facultad. En el cuarto cabe perfectamente mi cama, un escritorio y un pequeño librero que espero llenar pronto. Lo que me enamoró del lugar fue la gran ventana con un balcón que da a la calle. Si hace calor, puedo abrir la puerta de la ventana y dejar que el aire fresco circule por todo el cuarto. Cuando el clima refresca, sencillamente cierro todo y no pierdo por ello la luz del día. Es perfecto. Sólo hay una cosa que me molesta muchísimo y demás me pone muy nervioso. Desgraciadamente no era algo de lo que me pudiese dar cuenta hasta haber dormido aquí. Todos las noches, alrededor de las nueve y hasta llegada la madrugada el silencio es interrumpido por fuertes gritos provenientes del otro lado de la calle. La primera noche no presté mayor importancia, incluso creo que no me di cuenta del hecho hasta antes de irme a la cama. Estaba particularmente concentrado leyendo una revista de medicina. La noche siguiente sí que escuché todo desde el principio. Los gritos eran intermitentes y parecían varias personas al mismo tiempo. Inmediatamente elaboré una teoría para que mi mente no volara hacia terrenos fantásticos y supuse que un vecino estaba viendo la tele con un volumen demasiado alto. Ahora que lo pienso es una idiotez, porque en todo caso yo hubiese escuchado todo el programa, pero simplemente escuchaba gritos y gemidos. Pero eso es algo que el ser humano hace todo el tiempo: pensar en explicaciones estúpidas sobre las cosas. Al día siguiente, en la Facultad, le conté a un amigo sobre los gritos nocturnos y el muy animado me contó la historia de la Condesa Báthory, una aristócrata que se entretenía torturando y asesinando jovencitas virgenes para despues bañarse con la sangre de éstas. Me pareció excesivo pensar sobre eso. Esa noche esperé ansioso para ver si la rutina se repetía. Así fue. A la hora de siempre, los gritos comenzaron a oírse por todo el lugar. Quiero pensar que era por tener fresca la historia de la condesa, pero me parecían más desgarradores y dolorosos que las noches pasadas. Al final hice lo que cualquier individuo sensato hubiese hecho desde un principio pero que a mi no se me había ocurrido: me asomé por la ventana. La calle estaba tranquila y mis vecinos parecían haberse ido a acostar. Sin embargo, al mirar hacia la esquina, pude resolver la incognita. Supe que era sólo cuestión de tiempo para que los gritos cesaran.
Esos juegos mécanicos no estarían allí para siempre.
La semana empieza el jueves
Los jueves me levanto ansioso. Voy a la escuela desde las ocho de la mañana hasta la una de la tarde con el pensamiento ocupado en lo que ocurrió y en lo que pasará. Al volver a casa, trato de ocuparme en algo para hacer la espera corta, aunque generalmente me dedico a la nada. A la espera. A las ocho de la noche el ambiente cambia. Me conecto a Internet y la gente de los foros comienza a volverse loca. Todos preguntando si falta mucho, aunque después de tantos jueves ya deberían saberlo. De repente, un mensaje anuncia que ha terminado. Minutos más tarde aparece una avalancha de enlaces. A las once de la noche inicio la descarga, que dependiendo de muchos factores, finalizará en una hora, hora y media o dos. A veces me quedo mirando como avanza el porcentaje, la animación: una hoja de papel que vuela del mundo a mi casa. Cuando la descarga termina, me voy a dormir. En el proceso falta un último paso, prescindible por experiencia pero no por tradición: durante la madrugada, un grupo de amables personas trabajará arduamente en un archivo de subtitulaje. Sol me convence de que no los necesito, pero es una costumbre ancestral y feliz, como el chocolate en invierno o el helado del verano. El viernes entro tarde a la escuela, pero es el día que despierto más temprano. Los subtítulos están listos.
Sólo falta sentarse y disfrutar del nuevo episodio de Lost.
Historia de amor
Fecha: Marzo 18, 2008, Categoría: Instantáneas.
Al final, la constante es siempre una historia de amor.
The Constant - Lost. El mejor episodio de Lost, uno de los mejores en la historia de la televisión.
El viaje
Un comercial de televisión producido para el diseñador de moda Louis Vuitton. No es tanto para quién es, sino lo que dice. Realmente me gustó mucho y por eso decidí subtitularlo.