Archive for Octubre, 2007

Argumento I

Posted on Octubre 26, 2007, under Proyectos.

Ana es una mujer de setenta años que vive, tranquila, en una pequeña casa de su propiedad en las afueras de la ciudad en los inicios del siglo veintiuno. Se mudó ahí hace poco más de un año cuando su esposo murió. Su única compañía es un cachorro de labrador que decidió adoptar después de que el perro apareciera merodeando en el jardín de la casa meses atrás. Ana tiene lo necesario para vivir decorosamente hasta el final de sus días y diariamente lleva a cabo una rutina que la satisface y la aleja del tedio.

Sin embargo, y desde antes que su marido falleciera, Ana comenzó a notar que su mente se volvía perezosa, olvidaba cosas. Primero cosas sencillas, dónde había dejado las llaves, o la hora de su programa favorito, pero poco a poco fueron más importantes, la dirección de su casa o los nombres y teléfonos de algunos amigos de toda la vida.

Por esa razón, Ana considera su actual hogar como un refugio seguro, en el cual no necesita dar explicaciones a nadie sobre sus olvidos y distracciones. Es, prácticamente, una ermitaña. Sus días consisten en largas caminatas por el campo, la lectura de un solo libro y la contemplación del paisaje campirano a través de la ventana de su habitación. Excepto el lunes, todos los días son así.

Los lunes, después de la larga caminata, alrededor de las once de la mañana, al volver a su casa, un taxi contratado hace tiempo, la lleva al supermercado para realizar las compras para la semana, la espera y la lleva de vuelta a su hogar. Ese día Ana compra las provisiones necesarias y no vuelve a tener contacto con nadie hasta la semana siguiente.

El último lunes de aquella rutina, Ana se levanta, desayuna y sale a caminar acompañada de su mascota, sin recordar adelantar una hora su reloj por disposición oficial debido al nuevo horario. A la mitad del paseo, el perro súbitamente corre en dirección a la casa. Ana se extraña pero continua andando. Una hora después regresa a la casa esperando encontrar al taxi, pero el porche está vacío. Ana ve el reloj para comprobar que llegó a tiempo, pero el vehículo no aparece. Transcurren los minutos y Ana se da cuenta que el taxi no llegará, aunque no puede explicarse por qué. Mientras observa a través de la ventana, Ana piensa en su falta de comida, de amigos, la incomunicación y su aislamiento de la ciudad. No sabe qué hacer, se siente impotente, así que sigue esperando.

Ciudades nuevas

Posted on Octubre 18, 2007, under Buenos Aires, Viajes.

Me gustan dos cosas: caminar con mapas y descubrir ciudades. He hecho dos viajes largos en mi vida, a lugares lejanos y desconocidos, y en ambos realicé un patrón: explorar la ciudad con mapa en mano durante días hasta adueñarme de ella.

Al llegar a un lugar desconocido, en el que seré visitante por muchos días, me esfuerzo en hacerlo mio. De cierta manera, en convertirlo en mi hogar. Disfruto caminar largamente por las calles, callejuelas y avenidas. Observo a las personas y escuchó los fragmentos de conversaciones cuando pasan a mi lado. Uso el transporte público, me gustan los colectivos y los vagones de metro, diferentes de un lugar a otro, de una hora a otra.

Los días pasan y comienzo a sentir que domino la ciudad, poco a poco me acoplo a ella, a su ritmo. El titubeo al momento de subir a una ruta o cambiar de estación disminuye. El mapa se va convirtiendo en un objeto dispensable, pero, sin olvidar mi condición de extraño, lo cargo siempre. Es el único oráculo que acierta siempre.

Con Buenos Aires ya somos conocidos. Caminé por sus calles, las grandes y las pequeñas, me mostró sus barrios, los clásicos y los modernos, platiqué con su gente, los taxistas, los tenderos, las meseras. Escuché y usé sus expresiones, adopté su acento. Comí en grandes restaurantes, cafecitos y bares. Probé sus empanadas de carne, el asado, el vacio, la milanesa, el dulce de leche, el alfajor y sus helados de tradición italiana. Leí sus periódicos y vi la televisión. Sufrí la escasez de monedas, y cuando tuve no las guardé nunca. Hice amigos.

Buenos Aires, ese mounstruo de ciudad, no es desconocido para mi. No somos amigos del alma, pero, así, como que no quiere la cosa, me ha invitado a volver cuando quiera.