Archive for Diciembre, 2007
Navidad
Posted on Diciembre 25, 2007, under Personal.
Hasta mis diecinueve años las épocas navideñas fueron siempre normales y tradicionales. Seguiamos un itinerario con pocas variaciones y la pasabamos, en familia, bastante bien. Yo me acuerdo del pavo, las butifarras, el guacamole, la nacida y algunos regalos. La navidad del 2005 fue la primera diferente. Viaje con Sol a Canadá y por primera vez pasé la festividad lejos de casa. Fue una excelente experiencia. Diferente. El año pasado, Sol me acompañó a Comitán para integrarse a la tradición Albores-Amezcua. Fue, igualmente, distinta y agradable. A Comitán le gusta recibir visitas.
Este año parecía que ibamos a regresar a los origenes: la familia nuclear. Pero de a poco, los días que precedieron al 24 de diciembre y ese mismo día, Cris y yo notamos que también sería diferente. El árbol de Navidad fue hecho tres días antes y el nacimiento, con un tamaño más pequeño de lo acostumbrado, apenas unas horas antes de lo exigido. La búsqueda y captura de los regalos fue infructuosa pero nada estresante. Aquellos que llegaban siempre temprano, este vez se atrasaron y viceversa. La noche del 24 de diciembre parecía desembocar en un caos vaticinado, pero al final, poco a poco, las cosas se fueron acomodando. La cena resultó un éxito (ensalada incluida) los cohetes, chifladores y volcancitos la sensación.
A la entrada de la madrugada sólo quedabamos nosotros. Parecía como si un ciclo hubiese terminado.
¿Cómo será el que viene?
Entre paréntesis
Descubrí un error de visualización del tema anterior en Internet Explorer. Hasta que no lo solucione, usaré la versión oscura y minimalista.
Seguimos en actividad.
Éxito

Lo lograste. Un éxito, felicidades.
Redescubrimiento
Ayer el camino de Coatepec a Xalapa fue algo más que un viaje de regreso. Venía escuchando La maza de Silvio Rodriguez y era de noche. El viento frío me pegaba en la cara por la ventana abierta de mi asiento y la velocidad vertiginosa del camión. Sentí que me dirigía hacia un lugar desconocido pero deseado. Cuando llegué a Xalapa ya era otro.
La pregunta
Ya llevas varios días ausente, de hecho, estás a punto de regresar. Santa ha venido dos veces y ambas ha preguntado por ti. Curiosamente piensa que sigues en el DF, eso me hizo saber la semana pasada. Yo no juzgué adecuado desmentirla porque creo que, a sus ojos, ya somos lo suficientente raros para encima contarle que llevas días en estado zen.
Hoy vino de nuevo; La última vez del año. Encontró la casa menos desordenada que de costumbre y a mí mas despierto de lo usual. Al poco tiempo, como dejándolo caer, mientras acomodaba los libros regados en el mueble pistache de Iván, comentó: Que raro que Sol no haya regresado. Yo dije: Ya casi, viene el sábado en la mañana. Ella: Bueno, Sol nunca se había ido tanto tiempo, ¿Se pelearon? Bueno, si se pelearon se tienen que contentar. Yo: No, Santa,no nos peleamos, de verdad. Está todo bien. Y se fue a arreglar la cocina.
Si tuvieramos más visitas en la casa (además de los couchsurfers que, sin conocerte, preguntan por ti), seguramente la pregunta de Santa se habría repetido en muchas ocasiones. Acostumbrados a vernos siempre juntos, un día desapareces por tiempo indefinido. Elemental, mi querido Watson, dirian. Y entonces yo tendría que decir que no, que está todo bien, que nos seguimos queriendo. Que no se preocuparan, y así.
Pero bueno, no hay visitas.
Sí hay amor.
Fuego
Posted on Diciembre 16, 2007, under Instantáneas.
Contá con eso. Pongo mis manos en el fuego por vos.
El sueño
Anoche soñé contigo. Antes de dormir, había estado hablando sobre ti y tu aventura meditativa con Franco, un argentino couchsurfer que llegó a la casa con la mejor carta de presentación: una petición de Daniela para recibirlo. No pude negarme por diversas razonones: primero, porque es imposible decirle a Daniela que no. Segundo, una mirada rápida al perfil de Franco me reveló que es titiritero, estatua viviente, malabarista y toca un instrumento músical que desconozco llamado didgerido. En ese momento me deshice de la casualidad y acepté la causalidad. Es un buen chico, charlamos mucho ayer y hoy se ha ido a vender sus artesanias al callejón del Diamante. Saliste a relucir en la plática, entre otras cosas, porque Franco hace yoga y meditación, aunque afirmó que diez días de silencio quizá sería demasiado. Yo dije lo mismo y admiré más tu decisión.
En el sueño llegaste antes de lo previsto. Una mañana apareciste mientras yo preparaba cereal. Te sentaste a la mesa y yo lancé la pregunta clásica: ¿Qué pasó? Estaba feliz de verte, sin duda, pero mi curiosidad pudo más y fue lo primero que te dije. Entonces me contaste la historia. Los monjes los habían corrido a todos. Luego de tres días de meditación, habían concluído que no estaban preparados para realizar aquellos días de silencio. Había cundido la anarquía porque, según decías, muchos hablaban con sus amigos o se quedaban dormidos mientras trataban de conocerse a sí mismos. El día que llegaste los maestros no pudieron más y abandonaron el barco. Yo no dije nada.
Hoy desperté y no estás aquí. Significa que todo va bien.
Dobles
Es milagroso que no suframos todos de esquizofrenia. Tenemos tantos personajes en nuestra mente que sería por completo sencillo levantarnos un día creyendo que somos Sherlock Holmes, Hiro Nakamura o uno de las miles de personas que habitan las novelas de Dostoievski.
Increible.
Blogs
En toda mi vida he tenido tres blogs, weblogs, diarios, bitácoras. Dos y este. El primero se tituladaba, paradojicamente, Blog Sin Nombre y el segundo, en un afán de economía de lenguaje SamueMX. En ellos hablaba de mí y pretendía que todo fuera perfecto.
Esa es la diferencia fundamental. Desde el nombremiento, aquí planeo equivocarme.
El observante
Simón llegó temprano a la exposición. Se había enterado de ella hojeando un periódico sobreviviente mientras desayunaba. Le sorprendió la decisión de salir de su casa y romper con su cómoda rutina. Llevaba días deambulando en su hogar, sin apenas cambiarse de ropa y ordenando comida a domicilio.
En la entrada del museo compró su boleto y tomó un tríptico con información sobre la exposición y el autor. El pintor era Julián Beever y la crítica lo consideraba uno de los artistas más destacados y el principal exponente del género de Realismo Urbano.
Simón, junto con algunas personas que como él, habían llegado temprano, comenzó a recorrer las salas, ambientadas con música de elevador que lo sumía en un estado de languidez. Sin embargo, no tardó en separarse del grupo. Si en general no soportaba la compañía, en los museos y galerías, su rechazo se hacía mayor. Pocos ven ls pinturas, pensó. Lo que hacen es fisgonearse unos a otros mientras ensayan un gesto intelectual, como si posaran para la cámara. Simón se detenía ante algunos cuadros y los observaba con gesto aburrido. Estaba hastiado. Había esperado algo distinto, pero no dejaba de pensar que sólo estaba mirando una realidad, quizá tan aburrida como la suya. Tampoco se interesaba en observar profundamente o pretender interpretar aquello que veía con desagrado. Finalmente llegó a la última estancia de la galería. Estaba solo, cansado y con ganas de volver a casa.
La sala era pequeña, por lo que el cuadro, colgado en la pared del fondo, lucía enorme. Simón se acercó lentamente. Lo primero que le llamó la atención fue la estructura de caja china. La pintura mostraba, en primer plano, a un grupo de personas que, dando la espalda al espectador, miraban otra pintura. En ella, un hombre de perfil estaba de pie, con la mirada fija en un tercer retrato, el cual, quizá por capricho del pintor, era ya difícil de descifrar. Los fisgones. ¿Por qué las personas son tan entrometidas? Era muy molesto. En el metro, los baños públicos, los restaurantes, aunque estuviese en la última mesa, era imposible escapar de las miradas y los murmullos. Observando la obra, Simón perdió la noción del tiempo y conforme más miraba la pintura, parecía como si sus trazos cobraran vida y los personajes del cuadro comenzaran a moverse.
Al medio día la sala estaba llena de personas que se detenían para observar el lienzo titulado El observante. En él, un hombre con gesto aburrido, observado por una multitud, contemplaba una única pintura en una galería de exposición.
