Archive for 'Literatura'
Post-Bartleby
Posted on Mayo 8, 2008, under Literatura, Personal.
Es curioso que después de haber escrito sobre Bartleby haya ocurrido una sequía de mensajes. Para evitar pasar a formar parte de la colección de ese libro interminable habrá que esforzarse un poco.
Estoy a menos de dos meses de terminar la escuela. Cuatro años han pasado y estos últimos días se están yendo como agua. La verdad las clases no están interesantes, creo que hasta los maestros ya nos sienten fuera y nos dejan a nuestras anchas. Eso, por una parte, está bien. Estoy disfrutando ir a la facultad, jugar ajedrez, leer periódicos y libros en la biblioteca, platicar brevemente en los pasillos, como en una agradable espera del ansiado final. Los planes para después de la universidad se multiplican a cada momento y es emocionante darles un orden, priorizar, establecer y concretar toda la virtualidad. Puedo decir, con franqueza y felicidad, que estoy abierto a cualquier opción que se presente. Me he formado para esto.
En otro punto radicalmente diferente ¿Quieren un equívoco sin importancia?
La novela se trata de llegar de un punto A a uno B. Cómo se llega es la trama y quién llega son los personajes. He pensando que una novela fantástica es/sería aquella en la que el lector no tiene la obligación de terminar en el punto B (última página), sino que posee la libertad de cerrar el libro donde lo considere necesario y aún así disfrutar de la novela completa. En este sentido, estamos ante una novela cuyo punto B, aunque presente, no es ni necesario ni siempre el mismo. Todo esto porque se me ocurrió que, al final, en la mayoría de los libros, trama y personaje son irreconciliables: o aquella se cae, o éstos se acartonan.
¿A qué fue un equívoco?
Los meandros de la literatura sintética
Posted on Abril 7, 2008, under Literatura, Opinión.
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La manera más sencilla y perspicaz, pero no la más brillante, de empezar este ensayo sobre Bartleby y compañía (Anagrama, 2006) sería con la frase “Preferiría no hacerlo”. Además de ser juguetón, daría por finalizado el texto. Otra opción por completo válida, es encontrar, entre el racimo de excusas y pretextos que nos enseña el libro, nuestro favorito para presentarlo como escudo y poner punto final a nuestro prospecto de ensayo. No voy a negar que ambas alternativas me tentaron, pero al final opté por la rebeldía: Decidí que realmente preferiría hacerlo, porque el libro de Vila-Matas, aunque es una recopilación de los No, sin duda merece un Sí, aunque después de leerlo nos deje con ganas de unirnos a la causa.
2
La primera vez que supe de la existencia de Enrique Vila-Matas fue cuando en Xalapa hubo una lluvia de estrellas: Él, Antonio Tabucchi, Juan Villoro y Margo Glantz, se reunieron para homenajear a un recién estrenado Premio Cervantes. Las cuatro ponencias fueron agradables, aunque una osó adentrarse en los límites de la teoría literaria, lo que desencajaba completamente con el ambiente que se había procurado. Por el contrario, recuerdo con emoción la conversación, porque no llevó nada escrito, de Vila-Matas. Con su marcado acento español, aquel hombre habló sin parar sobre el otro Pitol, la persona común y corriente, su amigo: viajes, anécdotas, cartas, curiosidades. Sergio escribía arduamente, quizá con la idea de preparar su siguiente tríptico, pero ante todo, feliz por poder escuchar una charla entrañable. Al día siguiente compré Una casa para siempre y esa misma noche inicié la lectura. Hoy es el día que no he podido terminarlo. Me había resignado a mantener en mi memoria aquella plática y aceptar, con tristeza, que quizá era lo único que podría digerir de Vila-Matas. Sin embargo, darle una segunda oportunidad no fue mala idea.
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Quizá el guía más conocido de la literatura, o el primero que se viene a la mente, sea Virgilio en La Divina. Él lleva a Dante, le sugiere, lo cuida, le explica, en su travesía por los infiernos. Todos necesitamos un guía, alguien que nos oriente cuando nos encontramos confundidos, o peor aún, como apunta Gabriel Zaid en un ensayo sobre el consumo en la sociedad, ante demasiadas opciones. Yo creo, y aquí me permitiré una analogía un tanto peligrosa, que la Literatura es un Infierno de Dante, una vasta selva, peligrosa y para la cual necesitamos un guía, no sólo para no perdernos, sino, más importante a aún, para no perdernos de lo mejor. Por eso existe El canon occidental, Los 1001 libros que hay que leer antes de morir o el Diccionario crítico de la literatura mexicana. Hasta ahora dos habían sido quienes, allá, cumplieron la función de consejeros: Truman Capote gracias a las entrevistas en Conversaciones íntimas con Truman Capote y Roberto Bolaño en su fantástico libro Entre paréntesis, una serie de artículos, ensayos y entrevistas. Ambos fueron personas puntillosas, con ideas literarias y extra literarias bien definidas; Los dos libros constituyen, por decirlo así, la experiencia literaria de cada autor, lo que les gusta, no les gusta, les gustaría, las obras maestras, los bodrios y los sin sentido. Bartleby y compañía se agregó a la selecta lista.
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La mayoría de los escritores son unos excéntricos. De hecho, todas las personas son excéntricas, pero la diferencia es que los escritores disfrutan haciendo pública su excentricidad. Y lo hacen más público aquellos que, además de excéntricos, son genios. Es alrededor de ellos que se construye el libro de Vila-Matas, su materia prima: genios excéntricos que un día, por diversísimas razones, dijeron “No escribo más”. Y entonces pasaron a la historia, además de por su literatura (escasa, suficiente o excesiva), por su radical e inamovible decisión. Bartleby y compañía es, ante todo, un hermoso anecdotario relatado con la intención de hacer provocar en el lector distintas sensaciones: disfrute, risa, asombro, curiosidad, extrañeza, incredulidad e inclusive solidaridad ante los dramas de quienes sólo considerábamos escritores. El mérito del libro de Vila-Matas es que, antes de presentarnos la obra, nos introduce al hombre, a alguien igual a nosotros y nos proporciona una amplia baraja de personajes con quienes nos podemos sentir identificados. Cuando ya ha conseguido seducirnos con una historia, el objetivo principal del libro llega solo: no podemos evitar el deseo de saber más, lanzarnos en búsqueda del último libro de Tomhas Pynchon para, quizá, intentar comprender su silencio. Bartleby y compañía es un recorrido necesario por uno de los tantos largos y sinuosos caminos de la literatura, y sin embargo, no es suficiente. Es tarea del lector continuar el camino con las indicaciones dadas. El texto es sólo un adelanto de todo lo que nos espera si nos atrevemos a seguirlas. Y seguramente lo haremos.
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No quiero intentar descifrar el sentido de Bartleby y compañía, es decir, más allá de mi ya expuesta visión utópica sobre un resorte impulsor para adentrarnos en lecturas que valen la pena. Lo último que me queda por decir, antes de callar, espero que no para siempre, es que, aunque en la eternidad, William Shakespeare e Isabel Allende sean lo mismo, nada, ahora es bueno saber sobre quién deberíamos decantarnos. Y por eso, sólo por eso, porque nos deja saber, agradezco al español parlanchín.
Literatura genial
Posted on Febrero 26, 2008, under Literatura.
La carrera de Letras es bastante elitista, y en primer semestre reúne a personas con conocimientos muy dispares: mientras algunos pueden haber leído ya todo el boom latinoamericano, algunos otros, como fue mi caso, pueden nunca haber oído hablar de él. El conocimiento literario, desgraciadamente, otorga una excelente oportunidad para establecer que alguien se posicione por encima de otros, estableciendo jerarquías de cultura literaria. Por absurdo que parezca, en nuestra pequeña facultad de Letras, eso ocurre muchas veces a lo largo de los semestres. Algo que me molestó siempre de algunos compañeros fue la reacción, o mejor performance, que realizaban cuando, en cualquier contexto, se nombraba a un escritor genial. Pongamos por caso que un maestro, entre divagación y divagación, comienza a hablar de los cuentos de Julio Cortázar. Alguien se mueve en su silla, inquieto, como una lombriz bañada con sal y murmura cosas ininteligibles. El maestro sigue su disertación y nombra, por decir alguno, “Continuidad de los parques”. Pausa dramática. El hombriz se pasma, emite un monosílabo usando una vocal débil (U), levanta la mano como saludando y finaliza abstrayéndose en su cuaderno de notas. El maestro puede o no haberlo notado, puede o no seguir su explicación, pero si se menciona de nueva cuenta a otro canon, el ritual se repetirá sin dilación Finalmente, si al final de la clase, en la comodidad del pasillo, vuelve el tema del parque continuo la situación no mejora. El sujeto, en lugar de abstraerse, mirará fijamente a la nada, encenderá un cigarro y no dirá nada (quizá el monosílabo).
No pongo en tela de juicio la genialidad de Cortázar, ni que haya hecho meritos suficientes con sus textos para provocar reacciones diversas y sin sentido, pero creo después de ello, Cortázar, y cualquier otro escritor que sea grandioso, pensó en, entre muchas cosas, hacernos hablar y no callar, disfrutar y no palidecer. Antes de destrozar un texto con rimbombantes elucubraciones teóricas, hay que comprender a literatura como un objeto de gozo y placer.
El primer año de la carrera leí “Continuidad de los parques” y no comprendí demasiado, sólo supe de inmediato que aquello era más de lo que en ese momento podía captar. Y sin embargo, se convirtió en uno de mis cuentos favoritos. Hace apenas unos días lo releí. Una, dos tres veces seguidas y entendí la belleza un hermoso juego de espejos y planos.
Cuatro años de universidad rindieron sus frutos.
Reflexión literaria
Posted on Enero 26, 2008, under Literatura.
Sé que el título del post no es muy inspirador, máxime cuando es mi única señal de vida desde principios de año, pero no será tan aburrido como suena. He estado pensando que no quiero escribir una obra maestra, es decir, no me desvivo por hacerlo ni pienso en la inmortalidad por una texto colosal. No me interesa un Quijote o una Montaña mágica. Me conformo con leerlas, simplemente. Ahora bien, me llama poderosamene la atención una literatura más sencilla, hasta cierto punto cotidiana. Y de esa literatura yo quiero ser el protgonista, lo que quiere decir que pretendo ficcionalizarme, al mismo tiempo que estilizarme (a mí y a mi cotidianeidad), de manera que la realidad y la ficción se entrelacen. Ya sé, no es nada nuevo: Pitol, Aira, Vila-Matas, Bolaño… pero precisamente leyendo a esos autores, y particularmente a Roberto Bolaño, he descubierto que es la forma literaria que realmente me llama la atención y con la que veo la posibilidad de realizar infinitos juegos con el lector.
Fin.
Un guía
Posted on Diciembre 1, 2007, under Literatura, Personal.
Cuando comencé a leer libros con la conciencia de leer libros fue en la preparatoria. De la nada surgió el deseo de conocer de primera mano a ellos de quienes todos hablaban: García Márquez, Carlos Fuentes, Rulfo. Sabía de su existencia como todo el mundo, son un ícono, no es necesario tener una amplia cultura literaria. Inicié. Por aquel entonces tomé la determnación de no aceptar recomendaciones literarias de nadie. Un libro realmente tenía que atraerme, un poco por ósmosis. Durane algunos años fue así y así me fue, leí menos de lo que podría haber leído.
Hace poco, quizá seis u ocho meses cambié radicalmente método. Comprendí que hay mucho que leer, demasiadas páginas ahí afuera y es necesario tener nuestro Virgilio particular, alguien que nos oriente, además de nuestro instinto, en la selva literaria. Por ahora han sido dos quienes han cumplido, desde el más allá, la función de consejero: Truman Capote gracias a las entrevistas publicadas en Conversaciones íntimas con Truman Capote y más recientemente Roberto Bolaño en su fantástico libro Entre paréntesis, una serie de articulos, ensayos y entrevistas, ambos publicados por Anagrama. Capote y Bolaño fueron personas puntilosas, con sus ideas, literarias y extraliterarias, bien definidas y sin temor a expresarlas. Los dos libros son la experiencia literaria de cada autor, lo que les gusta, no les gusta, les gustaría, las obras maestras, los bodrios y sin sentido. Constituyen, sobretodo el libro de Roberto Bolaño, un recorrido vasto por muchas de sus lecturas, con opiniones y apuntes fundamentados y eso siempre se agradece.
Ahora, aunque algunas veces rebelde, me dejo guiar y gracias a ellos, y a otros no mencionados, he descubierto, dentro de la selva, lugares exóticos y misteriosos a donde tal vez, por mi mismo, jamás hubiese llegado.