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Los meandros de la literatura sintética
Posted on Abril 7, 2008, under Literatura, Opinión.
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La manera más sencilla y perspicaz, pero no la más brillante, de empezar este ensayo sobre Bartleby y compañía (Anagrama, 2006) sería con la frase “Preferiría no hacerlo”. Además de ser juguetón, daría por finalizado el texto. Otra opción por completo válida, es encontrar, entre el racimo de excusas y pretextos que nos enseña el libro, nuestro favorito para presentarlo como escudo y poner punto final a nuestro prospecto de ensayo. No voy a negar que ambas alternativas me tentaron, pero al final opté por la rebeldía: Decidí que realmente preferiría hacerlo, porque el libro de Vila-Matas, aunque es una recopilación de los No, sin duda merece un Sí, aunque después de leerlo nos deje con ganas de unirnos a la causa.
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La primera vez que supe de la existencia de Enrique Vila-Matas fue cuando en Xalapa hubo una lluvia de estrellas: Él, Antonio Tabucchi, Juan Villoro y Margo Glantz, se reunieron para homenajear a un recién estrenado Premio Cervantes. Las cuatro ponencias fueron agradables, aunque una osó adentrarse en los límites de la teoría literaria, lo que desencajaba completamente con el ambiente que se había procurado. Por el contrario, recuerdo con emoción la conversación, porque no llevó nada escrito, de Vila-Matas. Con su marcado acento español, aquel hombre habló sin parar sobre el otro Pitol, la persona común y corriente, su amigo: viajes, anécdotas, cartas, curiosidades. Sergio escribía arduamente, quizá con la idea de preparar su siguiente tríptico, pero ante todo, feliz por poder escuchar una charla entrañable. Al día siguiente compré Una casa para siempre y esa misma noche inicié la lectura. Hoy es el día que no he podido terminarlo. Me había resignado a mantener en mi memoria aquella plática y aceptar, con tristeza, que quizá era lo único que podría digerir de Vila-Matas. Sin embargo, darle una segunda oportunidad no fue mala idea.
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Quizá el guía más conocido de la literatura, o el primero que se viene a la mente, sea Virgilio en La Divina. Él lleva a Dante, le sugiere, lo cuida, le explica, en su travesía por los infiernos. Todos necesitamos un guía, alguien que nos oriente cuando nos encontramos confundidos, o peor aún, como apunta Gabriel Zaid en un ensayo sobre el consumo en la sociedad, ante demasiadas opciones. Yo creo, y aquí me permitiré una analogía un tanto peligrosa, que la Literatura es un Infierno de Dante, una vasta selva, peligrosa y para la cual necesitamos un guía, no sólo para no perdernos, sino, más importante a aún, para no perdernos de lo mejor. Por eso existe El canon occidental, Los 1001 libros que hay que leer antes de morir o el Diccionario crítico de la literatura mexicana. Hasta ahora dos habían sido quienes, allá, cumplieron la función de consejeros: Truman Capote gracias a las entrevistas en Conversaciones íntimas con Truman Capote y Roberto Bolaño en su fantástico libro Entre paréntesis, una serie de artículos, ensayos y entrevistas. Ambos fueron personas puntillosas, con ideas literarias y extra literarias bien definidas; Los dos libros constituyen, por decirlo así, la experiencia literaria de cada autor, lo que les gusta, no les gusta, les gustaría, las obras maestras, los bodrios y los sin sentido. Bartleby y compañía se agregó a la selecta lista.
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La mayoría de los escritores son unos excéntricos. De hecho, todas las personas son excéntricas, pero la diferencia es que los escritores disfrutan haciendo pública su excentricidad. Y lo hacen más público aquellos que, además de excéntricos, son genios. Es alrededor de ellos que se construye el libro de Vila-Matas, su materia prima: genios excéntricos que un día, por diversísimas razones, dijeron “No escribo más”. Y entonces pasaron a la historia, además de por su literatura (escasa, suficiente o excesiva), por su radical e inamovible decisión. Bartleby y compañía es, ante todo, un hermoso anecdotario relatado con la intención de hacer provocar en el lector distintas sensaciones: disfrute, risa, asombro, curiosidad, extrañeza, incredulidad e inclusive solidaridad ante los dramas de quienes sólo considerábamos escritores. El mérito del libro de Vila-Matas es que, antes de presentarnos la obra, nos introduce al hombre, a alguien igual a nosotros y nos proporciona una amplia baraja de personajes con quienes nos podemos sentir identificados. Cuando ya ha conseguido seducirnos con una historia, el objetivo principal del libro llega solo: no podemos evitar el deseo de saber más, lanzarnos en búsqueda del último libro de Tomhas Pynchon para, quizá, intentar comprender su silencio. Bartleby y compañía es un recorrido necesario por uno de los tantos largos y sinuosos caminos de la literatura, y sin embargo, no es suficiente. Es tarea del lector continuar el camino con las indicaciones dadas. El texto es sólo un adelanto de todo lo que nos espera si nos atrevemos a seguirlas. Y seguramente lo haremos.
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No quiero intentar descifrar el sentido de Bartleby y compañía, es decir, más allá de mi ya expuesta visión utópica sobre un resorte impulsor para adentrarnos en lecturas que valen la pena. Lo último que me queda por decir, antes de callar, espero que no para siempre, es que, aunque en la eternidad, William Shakespeare e Isabel Allende sean lo mismo, nada, ahora es bueno saber sobre quién deberíamos decantarnos. Y por eso, sólo por eso, porque nos deja saber, agradezco al español parlanchín.
Dobles
Es milagroso que no suframos todos de esquizofrenia. Tenemos tantos personajes en nuestra mente que sería por completo sencillo levantarnos un día creyendo que somos Sherlock Holmes, Hiro Nakamura o uno de las miles de personas que habitan las novelas de Dostoievski.
Increible.
Blogs
En toda mi vida he tenido tres blogs, weblogs, diarios, bitácoras. Dos y este. El primero se tituladaba, paradojicamente, Blog Sin Nombre y el segundo, en un afán de economía de lenguaje SamueMX. En ellos hablaba de mí y pretendía que todo fuera perfecto.
Esa es la diferencia fundamental. Desde el nombremiento, aquí planeo equivocarme.
Sobre Fraude: México 2006
Los documentales unilaterales están de moda. Desde Farenheit 9/11 hasta Super Size me son documentales que, en lugar de contraponer ideas y obligar al espectador a crearse un juicio crítico, usan un discurso que sólo tiene una salida y es, sin ninguna opción, aceptar lo que el autor del documental está exponiendo. El documental de Luis Mandoki Fraude…, desafortunadamente, va por ahí.
Para bien o para mal, la película de Mandoki es la historia de las elecciones antes, durante y después del dos de julio, contada, sin interrupciones, por López Obrador. Eso, desde mi punto de vista es bueno. Andrés Manuel cumple un objetivo: dar su versión de los hechos fluidamente, es decir, sin interrupciones de ningún tipo, sin ataques, sin controversias. Pero la película, para que tenga un valor, debe ir más allá. Las personas que vivieron (o sufrieron) el fraude no necesitan escuchar lo que ya saben, de nada sirve un recuento que nos coloca de nueva cuenta en una posición de martires políticos.
El documental de Mandoki sí logra ir más allá gracias a dos cosas, una consciente y otra, quizá, me aventuro, inconsciente. Por una parte, me alegro mucho de saber lo que piensa López Obrador. Me atrevería a decir que me tranquilizó escuchar su proceso de razonamiento para llegar a realizar el plantón en el Zocalo. Si lo que dice es cierto, es un hombre sensato y que, además cuestiona sus decisiones. A lo largo del documental Andrés Manuel deja caer fragentos de su pensamiento político y las razones de sus acciones (tanto pre-elección como pro-elección) y, desde mi punto de vista, es en este punto donde Fraude… debió haber ahondado. Pero lo poco que dió se agradece.
Ahora la parte del inconsciente. Fraude… está realizada con frustración, enojo, y sufrimiento. El documental es una búsqueda incesante los de culpables, aquellos que maquinaron el fraude, quienes movieron los hilos. Y por un lado los encuentra, grandes empresarios, líderes de partidos, personas que veían sus intereses perjudicados con la llegada de Andrés Manuel. Pero olvida, aunque constantemente los muestra, a los actores principales de la elección: La gente. Fraude… muestra, quizá sin querer, que también había muchas personas normales que querian ver a Calderón en el poder y que harían cualquier cosa por impedir que López Obrador llegara a la meta. Jefes de casilla, cuidadores de las actas, contadores de votos, todos personas ajenas a los propósitos de los grandes culpables (antes mencionados) y que, sin embargo, pusieron, convencidos, su granito de arena para desviar la elección. Las eleeciones se salieron de curso, quizá por plan de “los de arriba”, pero “desde abajo” también había una consciencia de lo que se estaba haciendo.
Fraude… me dejó una pregunta cuya respuesta no me gustó. ¿Por qué en México no? ¿Cuál es la diferencia con Chile? ¿Con Bolivia? Inclusive Venezuela. Me temo que aún no estamos preparados.