Jul
19

Estirar la liga

Hay una teoría sobre la mejor manera de concebir la estructura de un cuento fantástico. Es la siguiente: Un cuento es una liga y la tarea del escritor es, en principio, fortalecer sus extremos, es decir, establecer las bases. Y luego comenzar a estirarla, poco a poco. La liga es la verosimilitud del cuento y el escritor debe llevarla hasta el extremo, exigir a la narración un punto máximo de tensión, su clímax, pero, y aquí está lo importante, evitar a toda cosa que la liga se rompa y nos golpee en la cara. Si eso ocurre, si la liga revienta, el escritor ha fracasado y por ende, el relato también.

Nunca se me había ocurrido aplicar esta teoría a la vida. Hasta que hace unos días, Sol y yo concluimos que las bases de nuestra historia ya estaban puestas, pero el relato se estaba volviendo aburrido, predecible. En algún momento, ya por olvido, ya por decisión consciente, dejamos de lado nuestro trabajo de estirar. Y nos dio miedo.

Ahora estamos conscientes al cien por ciento y hemos comenzado a jugar, desoxidando los extremos de nuestra liga. Queremos, como el mejor cuento del mundo, llevarla hasta su punto máximo de tensión, ser perfectos, únicos, trascendentes…

El viernes nos tomamos la foto de generación en la USBI. No llegaron todos, pero tuvimos la visita de algunos personajes memorables.

Éramos un buen invento…

Jun
21

Futbol

En la secundaria fui un fanático del futbol. Cada domingo vestía mi playera del Santos Laguna, equipo mexicano, y sufría hasta el último minuto su victoria, derrota o empate. Luego la fiebre se fue pasando, en la preparatoria sólo vi el mundial completo y en la universidad apenas algunos partidos pero sin pasión de por medio. Como mi papá, abogué por el espectáculo y no por la incondicionalidad de la camiseta. Ahora con la Eurocopa me siento como aquel chico de secundaria. Encontré un canal que transmite por internet todos los partidos y he tratado de no perderne ninguno. Aunque han ido cayendo uno tras otro mis equipos favoritos, he disfrutado los encuentros de Turquía, los caballeros de la angustia, que han sido trepidantes y me reconciliaron con el futbol. Holanda, como siempre, espectacular en principio pero delicada al final sucumbió en el partido importante. ¿España rompera la maldición de los cuartos de final? Como van las cosas, quizá tendremos sorpresa. Lo veremos mañana.

Y sí, México me sigue aburriendo hasta la medula.

Jun
10

Nueva era

Como todos saben, porque me he encargado de gritarlo a los cuatro vientos, en tres semanas más termino las clases. Luego vendrán dos de exámenes, nada grave, y todo terminará. Hasta hace unos días pensaba tener un tiempo de vacaciones y luego ir a realizar un proyecto en una comunidad de la Sierra poblana, pero todo con mucha calma. Ahora todo ha dado un giro radical.

Frente a mí, en la pared, hay colgado un cuadro con una fotografía muy famosa de los Beatles. Es de su última etapa, del disco Let it be. Lennon tiene el cabello largo, las patillas gruesas y sus lentes redonditos. El cuaro está firmado por cinco personas: Lennon, McCartney, Harrison, Star y mi amigo Bernavé Olivares. Bernavé me puso una dedicatoria en la parte superior izquierda un año antes de venir a la universidad, tiene una falta de ortografía que quizá hoy lo avergonzaría pero tiene un buen deseo incluido.

Vamos a pensar, sólo por un momento, que ciertamente no hay azar, sólo destino. Desde hace una semana formo parte de una pequeñísima muestra estadística de aquellos que terminan la carrera con trabajo. Es decir, no limbo de desempleo para mí. Por multitud de razones, he caído en lo que parece ser un excelente trabajo, pero todavía mejor oportunidad. Un proyecto a largo plazo, garantiza emoción porque está apenas empezando, está en mi área de interes y bueno, incluso parece que la paga es buena.

La cuestión de todo esto es que ahora, una semana después de haber comenzado, no el trabajo, sino la capacitación de lo que será el trabajo de verdad, estoy aterrado, pero sobretodo confundido. Los comienzos siempre son duros, dicen por ahí. Y en este caso es doble porque empiezo yo y empieza el proyecto, o sea, según lo veo yo, caos total. Pero me voy a enfocar en mí. En las cosas a las que me he dedicado digamos que siempre he tenido la consciencia de estar haciendo las cosas bien, a mi tiempo, a mi modo. Ya sea porque fue, por decirlo así, un conocimiento innato o porque la paciencia de mis mentores fue infinita. Como sea, tuve tiempo de adaptarme, aprender, experimentar y luego saltar al aire.

Aquí es todo distinto. He entrado en un mundo que desconozco por completo, pero la exigencia es total. Es cierto que manejo con soltura mi herramienta (la palabra), pero me siento perdido, sin la luz de un faro que siempre había tenido. No tengo la certeza de estar haciendo las cosas bien y me aterra pensar en lo que será cuando, en julio, comience todo de verdad. Es evidente, que lo que ocurre es el miedo al fracaso y a la posterior decepción. El problema es que no se cómo hacerle frente. Quizá simplemente trabajar duro, experimentar, ver qué ocurre sea la solución.

Pienso, pienso, no doy con la respuesta.

Bernavé escribio, palabras más, palabras menos: “Échale ganas a la escuela y muy pronto llegarás a ser un muy buen periodista”.

Es curioso que después de haber escrito sobre Bartleby haya ocurrido una sequía de mensajes. Para evitar pasar a formar parte de la colección de ese libro interminable habrá que esforzarse un poco.

Estoy a menos de dos meses de terminar la escuela. Cuatro años han pasado y estos últimos días se están yendo como agua. La verdad las clases no están interesantes, creo que hasta los maestros ya nos sienten fuera y nos dejan a nuestras anchas. Eso, por una parte, está bien. Estoy disfrutando ir a la facultad, jugar ajedrez, leer periódicos y libros en la biblioteca, platicar brevemente en los pasillos, como en una agradable espera del ansiado final. Los planes para después de la universidad se multiplican a cada momento y es emocionante darles un orden, priorizar, establecer y concretar toda la virtualidad. Puedo decir, con franqueza y felicidad, que estoy abierto a cualquier opción que se presente. Me he formado para esto.

En otro punto radicalmente diferente ¿Quieren un equívoco sin importancia?

La novela se trata de llegar de un punto A a uno B. Cómo se llega es la trama y quién llega son los personajes. He pensando que una novela fantástica es/sería aquella en la que el lector no tiene la obligación de terminar en el punto B (última página), sino que posee la libertad de cerrar el libro donde lo considere necesario y aún así disfrutar de la novela completa. En este sentido, estamos ante una novela cuyo punto B, aunque presente, no es ni necesario ni siempre el mismo. Todo esto porque se me ocurrió que, al final, en la mayoría de los libros, trama y personaje son irreconciliables: o aquella se cae, o éstos se acartonan.

¿A qué fue un equívoco?

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